Posterous theme by Cory Watilo

Mustangs

Horns and cables ram us closer, kiss apart. 
We race us, we tame us, we brake us
baby don’t stop me, don’t stench us.

I’m handling you my sockets, 
you’re messing with my tensors
let’s bare it, please please.
Let’s ride the ghost spectrum, 
keep running my land, 
keep mining my mentions 
No me sueltes, no me sueltes Mr. Smirk, 
we’re no longer lejos.

We’ll just wave at the forests 
that make up for our extensions... 
we’ll just dive in the blood 
of our purest lost intentions. 

Baby we are mustangs, 
red maned raccoons
magnificent beasts, 
iridescent spreads,
fallible reels of gold and affection. 

There’s truth and grits in our finest steams.
There’s doubt and will in our slight deceptions

We love our rocks and our forcing ways. 
We love our manes and our poured cadence
And sand and stitches, and loosing, and games. 
We love the waves, then praise the bench
Let’s dance in glitz as we bathe in waits. 
Two hopeless foals with full grown braids. 

Baby we’re mustangs
shhh, shhh, shhh... 
Let’s pull our hair. 
Let’s ram our stills, 
let’s rip our fence. 

 

I like women who haven't lived
with too many men.

I don't expect virginity,
but I simply prefer women who

haven't been rubbed raw by experience.

There is a quality about women 
who choose men sparingly;

it appears  in their walk,
in their eyes, in their laughter
and in their gentle hearts. 

Women who have had too many men
seem to choose the next one out of revenge
rather than with feeling. 

When you play the field selfishly
everything works against you:
one can't insist on love or demand affection.
You're finally left with whatever 
you have been willing to give, 
which often is: nothing.

Some women are delicate things
Some women are delicious and wondrous.
If you want to piss on the sun, go ahead
But please leave them alone.  


~ Charles Bukowski, A Poem For Swingers, a poem for the playgirls of the Universe.  

Refresco Rojo

 

Llevaba trescientos mil pesos y la vida de ella en una fundita. 

Era un día precioso de octubre y caminaba con un vestidito azul de flores amarillas, un sweater blanco y unos pseudo Converse hasta los tobillos. Me deslizaba casi de puntitas y con mirada vacante en un edificio de diseño arbitrario, lleno de gente rara y desechable.

Esa pobre gente era gente pobre, por lo que el nepotismo, los relations y los fishing buddies de papi los desimportantizaron frente a la dueña de mi fundita. Procesos de un mes de pendejadas burocráticas para un simple mortal se resumieron en 6 días para la Doña del Don. Ella es blanca y árabe; Ella es más importante que los otros semi-muertos. Ella es mi mamá. 

Caminé con prisa escaleras arriba. Una enorme superficie fenétrea acompañaba a la escalera mientras dejaba colar una luz amarillenta y turbia por el sucio dampalón. No me gusta el dampalón, mucho meno' el de colores.

Se convertía esa escalera en mi wingman, mi pana, durante todo el día que estoica y silente me escuchaba berrinchar sobre el estatus quo corriente, sobre la vida y sus abusos, sobre el poder de estar ausente. Era ese tramo del camino donde saciaba la sed de silencio, ahuyentando los “Si Dios quiere”, los “No es mentira”, los “Es No-Hodgkin, va en serio”. 

Me deslizaba firmemente por los pasillos de La Plaza, esquivando la mirada de los residentes con desdén ultrafemenino, matando el tiempo entre farmacia, hemato' y quimio. Me aferraba a la fundita, la agarraba por el cuello, no se fueran a caer los meses de vida que había comprado, que había sufrido. Era bello. 

......................


La primera noche de tratamiento coincidía con otro evento importante: Rescataban a 33 mineros en un país donde todos los hombres son sexys y las mujeres hablan bajito. Uno a uno la tierra iba pariendo uniformados; eran hermanos de Atacama, eran gerreros y soldados. 

Las familias los esperaban en lo que llamaron Campamento Esperanza; desesperados, ansiosos, sudados y llenos de tierra; me sentí en comunión con el campamento. Me sentí parada frente a un hoyo sucio pidiendo a Gea mis entrañas de vuelta.

Los potecitos que viajaban en la funda se van consumiendo uno a uno y la unidad de tiempo es mineros/potecito.

Kytrill= dos mineros,
Fendramina= minero y medio,
Hidrocortisona= minero-y-ver-a-cual-de-las-mujeres-abraza-primero.

Poco a poco iba goteando la vida en frasquitos de colores, en lágrimas saltinas, en doble vía y en noche.

Premedicación llevada a cabo, de los frascos surgió mi favorito, el protagonista, el más coqueto, el más bonito. Fue el Rituximab, una sustancia bermellón a la que al ser manipulada por las negrísimas manos de las enfermeras le salen burbujitas, aparentando ser refresco rojo. Me gusta el refresco rojo.

...............

Y de un brinco es doble noche. No queda nada que chorrear. 

Ella está dormida. Yo estoy en choque. 

Salgo al pasillo pa’ entonarme en la verdad. Ya no me encuentro los filos, ya no me luce el recuerdo, ya no sé ni donde estar.

Y me escupe la fea espera a un recinto oscuro y desabrido, desembocando en la escalera. Allí de nuevo en vestidito, uno que ahora llueve esferas; me acompañaban las trucas y los faroles de afuera. Parecía un film en blanco y negro, pero esta vez en amarillo; se tronaban los deseos, se filtraban del bolsillo. Y todo estaba allí, y yo tan sin destino, lloré como una niña, se me deshojaba el nido. 

Llegó la hora del desplome, del tintingó, del reviente. Éramos ella y yo, y ese montro de frente.

Por fin estaba sola, por fin no tenía fuerzas, podía derrengarme, no había por qué ser Hera. 

Y respiraba bien de fondo, duro y despacito, viendo a've si era de cromo que era este corazoncito. Podía casi sentir, los punto’e soldadura, cada vértebra en la espalda, encorvándose mi chakra, aflojando coyuntura.

Y dizque recogí fuerzas, sentá’ de nuevo en la escalera, tragando duro las entrañas que rozaban mi trastera. Había que sacar de abajo, había que da' una pela. 

Perderá sueño, pelo y forro; mis hijos no tendrán abuela. 

............... 

Ya comenzaba a ser de día y supuse tener hambre. 

Caminé a la cafetería con pasos lentos e intangibles, sin prisa, sin tutía que ese food court es pa' elefantes.  Reparé en la comida y su dicotomía, la iverosímil mezcla de grasosa y desabría. Me convencí que to' ese brillo en las croquetas lo ha subsidiao' cardiología, pa' asegurar varios clientes, vea cuanta ideología. Y les puse cara fea, que uno come lo que crea; coño no venden cigarros, sí bombas de aceite y brea.  

La muchacha del café, creo que se llama Lía, al ver mis ojos allá en el patio me preguntó que iba a comer sobre un mantel curtío y roto:

–¿Qué usted quiere, señorita?
–Un platanito y un Garoto. 

Ya iba a pasar la cuenta, el primer check-in del día, y se delvolvió a preguntarme si tomaría algo de tomar. 

Yo reí de medio lado, por su cacofonía, por su amable trato, por toda la ironía.

Apresurada señalé, sobre el refrigerador, 

le dije:

–Claro señorita,

Uno rojo, por favor.

 

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Allá

Y una luz morada les regala un paseíto, sonríen. Son felices. 

For la random, for la güera, el performer y las chelas. Mil trescientos publicistas chorrean por las escaleras. Un bollito ‘e gente linda, rara y confundía sentada a los pies del Alcázar, burlándose en masse del primer caserío del ya viejo nuevo mundo. Los abrazan las estelas grocs de las farolas, inhalando Long Islands en Pat’e palo y martinis en las rocas.  

Todos se conocen. Todos son de todos. Todos ya se amaron y air-kissearon en La Alpargatería hace un par de horas. Todos con su ropita vintage y su look apendejado; en botines aún sin frío, la carterita a medio lado. Todos se gustan en el fondo. Todos se temen en el fondo. 

Se pisan, se posan, se aman, se gozan.

Los guatsapps revientan de pilas, de murmullos entre presentes, de propuestas entre ausentes. Todos están ahí, a un escalón, un ping de estar enfrente. La ambigüedad les revuelve los montaditos de espinaca que comieron hace un rato, mientras buscan vasitos plásticos para lograrlo con una Moët prestada, como para convencerse de que no son snobs si la toman en poliestireno; convencerse de que son abiertos de mente y corazón además de en toqueteos. 

Y se horchatean blasteando Vampire Weekend mal contando historias rosas, editando los amorcitos allí y acá; casi nunca poniendo, casi siempre quitando. Donde nadie es solito de nadie y donde todos se roban los frentes. Somos los reyes del guille. Los dioses del coolness. Somos buena gente.

Saben a Plaza España como la ama sabatina, que el parquesito de la Núñez es ese cuernito por conveniencia, por facilidad y cercanía, pero que la Plaza es la que quieren, la de verdad. La que le presentan a sus padres y dónde llevan a los primos de fuera. Donde se avistan las esperas, donde se acurrucan sus chicuelas.

Despacito rueda la gruppa en un Toyota gris, creyéndose los Ivy-leaguers por hablar de acento raro, entre dajabonense, esedecúers y niñitos-bien, de la última de Mr. Blake. Juegan y juegan, juzgan y esperan. 

Saben que el vintage se va dejando allá en la puerta de Quintana. Nadie hablará del parinasti. Nadie confesará sus ofrendas, nadie bajará la guardia. 

Y se deslizan y resbalan, unos por sudor, otros surfeando en ruedas por la ruta de La Plaza. Y se ignoran y se quieren, y se emputan y se ciernen. Apretujaos en el humito de la estupa, lo que prendieron en la estufa, ya no saben bien si es viernes. 

 

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Chapoteando

Bienvenido a la Piscina 

Todos, de alguna forma u otra hemos decidido la forma de nadar; unos hacen el perrito, otros hacen nado sincronizado, en forma de grupos y avanzadas. Otros hacen apariciones esporádicas y desaparecen rápidamente luego de un buen clavado, escurriéndose graciosamente. Muchos andan con flotadores de patitos.

Muchos, de alguna forma u otra, hemos decidido en qué piscina meternos mientras que otros se han dejado empujar por una multitud de bañistas aburridos, predicadores, cazadores de amigos, burras, sombreros, revueltas y gifs. Y están los que chapotean en un charquito, donde nadie los ve. 

Nunca antes nadar había sido tan relevante. Nunca antes se había logrado descifrar a todo un ser humano por la gracia con la que bucea, 140 brazasos a la vez. Nunca antes había sido tan fácil defragmentar una existencia en un par de chistes y la comicidad de la imagen de quien nos los entrega.

Una vez adentro, pocos notan la irrelevancia de la piscina y pasan los días virtiéndose en ella. Se arrojan con todo y de bombazo gritando, haciendo alarde de sus intrigas, pensamientos, convicciones políticas, miedos, dolencias y poesías en el corto trayecto que va desde el trampolín de "send" hasta rozar el mojado "timeline", cuando ya es demasiado tarde para devolverse, cuando ya es demasiado tarde para notar que no sabes nadar. 

En ese cortito lapso se tejen percepciones y definiciones y comenzamos a querer que nos naden bonito. Que nos muestren los trucos, las formas; que rompan los límites de lo socialmente aceptado como un nado decente y respetable, políticamente correcto. De este fenómeno florecen los alteregos, sacándole alas como hormiguitas en lluvia a los panzasos racistas, cinéfilos, musicólogos y pseudosocialistas; los libertarians, las chicas tumblr, los serieros, los poetas, los esquineros, los superfans, los judokas, los hiperdiseñadores; los ateos y los pseudo-ateos. El agua clorinada de la piscina microbloggera es el agualluvia de la hormiguita nadadora desprevenida. 

Chin a chin nos vamos acomodando en el rincón que nos sirva dependiendo de nuestra estatura, que va desde el suelo hasta la corteza cerebral, ubicándonos dónde los pies nos alcancen sin ahogarnos. Todos dentro de ese cuadrado hidrogenado de verdades disfrazadas de ironías y bultos disfrazados de verdades. Todos juegan con todos. Todos salpican a todos. Todos nadamos juntos, en ese consomé de ideas, agua y pipí que hemos ayudado a construír.

Y nos gusta.

 

(Parte 1)